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When the Shaking Stops

hace 1 día
2 min de lectura

Hermes Ruiz

CEO - OleWow


El 10 de agosto el temblor me despertó literalmente. Era mi cumpleaños. En Cali, mientras yo salía corriendo, mi hermano evacuaba el Hospital Universitario entre paredes que caían,

y mi sobrino, de 13 años, descendía once pisos con su perro mientras veía adultos mayores golpearse en las escaleras.


Todos sobrevivimos. Miles de colombianos comenzaron ese día una historia distinta.


Las primeras horas mostraron algo que conviene recordar: Cuando la urgencia fue absoluta, la sociedad respondió sin preguntar por ideología, estrato o procedencia. En algunos lugares hubo que pedir que dejaran de llegar donaciones porque ya había suficiente.


La respuesta institucional también sorprendió, incluso con un Gobierno recién posesionado. Colombia no improvisó sus capacidades de búsqueda y rescate el día del desastre. Antes del sismo ya contaba con 23 equipos USAR acreditados a nivel nacional; USAR COL-1 había sido reclasificado bajo estándares INSARAG de Naciones Unidas y estaba entre 59 equipos clasificados internacionalmente en el mundo.


Eso importa porque demuestra una verdad incómoda: La capacidad de respuesta no

aparece por magia cuando la tierra se mueve. Se entrena, se acredita, se coordina y se

prueba antes.


La solidaridad puede salvar los primeros días. No puede ser el modelo operativo de la

reconstrucción. Después del rescate aparecen familias fuera de casa, profesionales sin oficina y negocios que, sin ingresos, consumen su caja hasta convertir el daño físico en cierre económico.


Colombia necesita construir para la continuidad empresarial la misma arquitectura que construyó para el rescate: Anticipada, verificable y diseñada antes de necesitarla. Si pudimos prepararnos para encontrar personas bajo estructuras colapsadas, podemos prepararnos para que sus empresas no colapsen después.


Ese circuito debe estar listo antes del próximo desastre: Registrar la afectación; verificarla sin borrar la voz del afectado; conectar ayudas y financiación; reconstruir con proveedores trazables; agrupar compras para reducir costos; y abrir demanda para volver a vender.


Una cámara de comercio que después de una catástrofe sabe cuántas empresas existen, pero no cuáles operan, qué necesitan ni quién puede ayudarlas, conoce el registro pero desconoce el tejido que representa. Su papel debería ser articular gobiernos, fondos, bancos, aseguradoras, proveedores y compradores alrededor de esa continuidad.


Ya aprendimos a encontrar personas debajo de los escombros. Ahora necesitamos impedir que sus empleos, negocios y patrimonios queden enterrados después.


Esa será la verdadera medida de nuestra preparación cuando pase el temblor.



 
 
 

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