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Houston, nos alcanzó el problema: Hablemos de pantallas

hace 1 día
2 min de lectura

Por Lorena Aguilar Llorente


Llegar a un país nuevo trae muchos retos. Uno de ellos, ha sido preguntarme cómo queremos criar a nuestros hijos en esta cultura. ¿Cómo mantenemos nuestros valores mientras nos integramos a una comunidad que todavía estamos conociendo?

En mi familia, las conexiones personales son un valor muy importante: estar presentes, interesarnos genuinamente por el otro y asegurarnos de que las personas que queremos se sientan vistas, escuchadas y comprendidas.


Me di cuenta de que las pantallas se estaban interponiendo en eso. Ya no estábamos tan presentes. Estábamos perdiendo momentos de curiosidad, conversación, juego y conexión. Como buena psicóloga, me puse en búsqueda de una base fundamentada para que explicara lo que estábamos padeciendo.


Tristemente, el uso de pantallas nos está llevando a perdernos del mundo real, de disfrutar la naturaleza, de tener conversaciones largas sin interrupciones y de vivir las fricciones y esperas del día a día.


Siempre he creído que la educación de las infancias es una responsabilidad familiar y comunitaria. Los padres tomamos las decisiones, pero la cultura y las personas que rodean a nuestros hijos tienen una gran influencia en ellos.


Por eso, el movimiento Wait Until 8th resonó tanto conmigo, padres de familia unidos como comunidad, en acuerdo para proteger lo más valioso que tienen nuestros hijos: su infancia. Un compromiso para retrasar la entrega de un smartphone hasta el final de octavo grado, creando una comunidad que disminuye la presión social de “todos los demás ya tienen uno”.  Wait Until 8th es una comunidad de más de 155,000 papas y mamas alrededor de EUA haciendo una diferencia. 




Tengo la fortuna de liderar el capítulo de Wait Until 8th en The Woodlands, donde he dado pláticas informativas y conectado con otros padres que están enfrentando los mismos desafíos.


No se trata de estar en contra de la tecnología, sino de darles a nuestros hijos más tiempo para desarrollar habilidades sociales y emocionales antes de entrar al mundo digital. 


Uf, qué aventura ha sido. Y, aquí entre nosotros, sigue siendo todavía. Se que las batallas, las derrotas y las victorias son parte del día a día.  Yo también sigo en ese camino de encuentro y desencuentro, con mucha ilusión de compartirlo con los demás. 


Hay millones de cosas que no podemos controlar del mundo en el que nuestros hijos están creciendo. Pero sí podemos decidir qué tipo de comunidad queremos construir para ellos.



 
 
 

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