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Jesús Miguel Sanz Escorihuela: Un diplomático con alma humana al servicio de España en Houston


En el mundo de la diplomacia abundan los currículums brillantes, pero pocos esconden detrás un relato tan humano como el de Jesús Miguel Sanz Escorihuela (Madrid, 1963). El actual Cónsul General de España en Houston, ha recorrido medio planeta en nombre de su país y, sin embargo, al escucharlo hablar, uno descubre que su mayor orgullo no está solo en sus cargos, sino en las personas, los recuerdos y las raíces que lo han acompañado en cada destino.


La infancia entre afectos y viajes


En la entrevista, recuerda su niñez con una sonrisa que ilumina el relato: “Tengo recuerdos de una niñez con color, divertida y traviesa, siempre protegida por el cariño de mis padres”, confiesa.


Hijo de madre navarra y padre aragonés, creció en Madrid en un hogar con cuatro hermanos. Describe a su madre como una mujer dulce y protectora, y a su padre como el hombre que lo introdujo en la fascinación por el mundo. “Con él recorrí Europa desde niño; esos viajes despertaron mi curiosidad y mi deseo de conocer otras culturas”, añade.


Matemáticas, leyes y diplomacia


Su perfil académico sorprende por su diversidad. Es abogado e ingeniero agrónomo, y en sus primeros años profesionales llegó incluso a enseñar matemáticas. Esa mirada amplia y analítica lo llevó a ingresar en 1992 a la carrera diplomática. Desde entonces, su pasaporte colecciona sellos en cinco continentes: Tanzania, China, Japón, Tailandia, Nueva Zelanda, Francia, Portugal, Brasil y ahora Estados Unidos.


En cada país, más que representar a España, buscó tender puentes humanos. “La diplomacia no es solo política: es cultura, ciencia, educación, gastronomía, arte. Son las personas que conoces en el camino”, asegura.


Houston: redescubrir España en América


Su llegada a Houston le ha permitido un reencuentro inesperado: la herencia española en Texas y el sur de Estados Unidos. “Conforme voy descubriendo esta parte del país, voy encontrando lazos históricos y humanos con España que hacen todo todavía más atractivo”, afirma con entusiasmo.


Menciona con detalle las misiones de San Antonio, las acequias, los patios de las casas y hasta los vocablos cotidianos como testimonio vivo de ese legado. “Cuando uno camina por Santa Fe o San Antonio, siente que España sigue presente. Está en la piedra, en las calles, en los nombres. Esa herencia nos une y debemos celebrarla”.


Bajo su gestión, el Consulado impulsa exposiciones culturales, festivales gastronómicos y conferencias académicas que fortalecen los lazos no solo con la comunidad hispana, sino también con los propios estadounidenses.


Entre la vida personal y el servicio público


Jesús Sanz reconoce que la diplomacia también tiene un costo. “Es una carrera apasionante, pero conlleva desarraigo. Los traslados continuos, los cambios de lengua y cultura… no siempre son fáciles”, explica.


Lo dice con especial emoción al hablar de su hijo, su compañero de viaje en tantas mudanzas. “Le agradezco haber compartido conmigo esta vida itinerante. Él le dio sentido y la convirtió en una experiencia enriquecedora”.


Un mensaje a la comunidad hispana


La conversación termina con un mensaje claro, que refleja su visión integradora: “Aquí sumamos. Somos muchos y juntos somos muy poderosos. Este sur de Estados Unidos tiene una riqueza humana e histórica enorme que debemos celebrar, porque las raíces hispanas y españolas están vivas y nos conectan a todos”.


En cada palabra de Jesús Sanz se percibe algo más que diplomacia: se siente el calor humano de quien entiende que, más allá de las fronteras, somos ciudadanos del mundo unidos por historias, lenguas y raíces compartidas.


 
 
 

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